Cuando en 1984 se fundó el Taller Juvenil de Literatura, se pretendía abrir un espacio nuevo para los jóvenes cuyos intereses literarios fueran lo suficientemente fuertes como para conducirlos allí, todos los viernes, de 4 a 6 de la tarde.
Tal pretensión se ha cumplido, y poco a poco su asistencia lo ha convertido en paradigma para una ciudad hostil, para un sistema educativo pretencioso, enciclopédico, repetitivo. La idea inicial de experimentar con la tarea de fomentar la lectura entre los jóvenes también ha dado resultados en la medida en que no sólo han leído, y mucho, sino que han escrito, que es ya como un regalo, un regalo bello y esperado. Y se ha logrado en tanto se han abandonado ideas preestablecidas, afanes catedráticos y se han atendido, sin suponerlas, las expectativas, las dudas, las sugerencias de los muchachos, quienes son en definitiva los que hacen el Taller.
Aunque por el Taller han pasado muchos jóvenes en todos estos años, es la primera vez que se muestran sus trabajos, insistiendo en que no se trata en manera alguna de un taller de escritores. Más que un lanzamiento de noveles poetas y cuentistas, se trata de una muestra de la forma nueva que tienen de decir; irreverentes y oscuros a veces, frescos y esperanzados las otras, son exigentes en sus propuestas: acosan a las palabras hasta conducirlas hasta nuevas significaciones, constatadas o intuidas apenas. Estos muchachos piensan constantemente en el cine, en el video. Para muchos es su referente, su coordenada más importante. Casi que la literatura y el cine se fusionan en un modo de ver, de decir, de escribir, que obviamente, tiene todo que ver con la imagen. Tal vez sea ésta su “novedad”, su aporte al último acontecer de la literatura que se hace en nuestro medio, y no lo sean tanto sus temas aunque éstos constaten las violencias urbanas de todos los días, de todas las noches; se duelan del amor inalcanzable-alcanzable, huidizo; digan de la creación de otros mundos-realidades alternas a la oficial; reflejen los primeros descubrimientos de los territorios propios, del viaje azaroso-deleitoso a los de los demás.
Estos son, pues. No sé si seguirán escribiendo. Por ahora, representan a miles de muchachos y muchachas que escriben sus textos invisibles en la soledad de sus rutas ciudadanas, sin que nadie oiga, sin que nadie entienda.












Valoraciones
No hay valoraciones aún.